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El misterio de iniquidad, anomía o transgresión

El Anticristo es la persona moral o colectivo cimentado en el misterio de iniquidad o de transgresión.

Persona moral es un conjunto de hombres, varones y mujeres, con unas mismas ideas y propósitos.

El Anticristo es persona moral, porque es el colectivo de hombres, varones y mujeres, de todas las épocas que tienen como factor común el misterio de iniquidad, (misterion tes anomias = misterio de transgresión), vivir y obrar según uno mismo, vivir y obrar como si Dios no existiera; vivir y obrar fuera de la ley natural y de la ley revelada, fuera de la ley de Dios natural y revelada, incluyendo la desobediencia a las autoridades y el incumplimiento de las leyes, siendo así que por voluntad de Dios hay que obedecer a las autoridades y cumplir las leyes.

El misterio de iniquidad o de transgresión es el talante o espíritu común a los anticristos de la época de san Juan evangelista y de san Pablo y a los de todas las épocas, incluyendo al último y definitivo colectivo anticristiano, el Anticristo del Apocalipsis, que englobará a casi toda la población mundial, el colectivo humano mundial, excepto un pequeño resto.

Hay que vivir y obrar según Dios, según la voluntad de Dios; pero desde el pecado original, como explica santo Tomás, nuestra razón no está sujeta a Dios y nuestra voluntad es insumisa respecto Él; y nuestras potencias superiores, a su vez, tienen insumisas a las inferiores, porque el pecado original ha dejado heridas o enfermedades en nuestra naturaleza, aunque no la ha corrompido totalmente, y sigue tendiendo a la verdad y al bien, aunque más débilmente por estas heridas; y en estas insumisiones y heridas radica nuestra interna anomía personal y consiguientemente social, nuestra actual tendencia a vivir y obrar según uno mismo, y no según Dios, a vivir y obrar como si Dios no existiera.

Vivir según uno mismo es vivir como si Dios no existiera. Eso es lo que quiere Satanás que hagamos. Por consiguiente, vivir según uno mismo, vivir como si Dios no existiera es estar sometido al imperio de Satanás. Intentar compatibilizar vivir según Dios y vivir según uno mismo es autoengañarse y darle entrada a Satanás para que domine e impere. No es ya vivir según Dios.

Obedecerle a Satanás no consiste en considerarle y venerarle como el ser supremo explícitamente, puesto que a lo que Satanás induce es a que cada uno viva según él mismo y no según Dios. Vivir como si Dios no existiera

Así lo explica san Agustín (La Ciudad de Dios, XIV) cuando aclara aquella doctrina enseñada de parte de Dios por san Pablo que proscribe obrar según la carne (Gal 5,16-25; Gal 6,7-8; 8,5-14).
San Agustín aclara que vivir según la carne, no es solamente vivir según el cuerpo humano o simplemente según los deseos sexuales, sino que es vivir según sí propio, según uno mismo, porque Satanás no tiene cuerpo carnal y es el jefe y modelo de obrar según la carne.

San Pablo (2 Tes 2,1-12) nos advierte de parte de Dios del misterio de iniquidad [misterion tes anomias = misterio de alegalidad o transgresión], vivir y obrar según la carne, vivir y obrar según uno mismo, vivir y obrar como si Dios no existiera; vivir y obrar fuera de la ley natural y de la ley revelada, fuera de la ley de Dios natural y revelada, incluyendo la desobediencia a las autoridades y el incumplimiento de las leyes, siendo así que por voluntad de Dios hay que obedecer a las autoridades y cumplir las leyes.

Por lo que respecta a la Venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos,
que no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestro ánimo, ni os alarméis por alguna manifestación del Espíritu, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el Día del Señor.
Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío [el hombre tes anomías, el hombre sin ley, transgresor; según otra lectura del original griego, el hombre tes amartías, el hombre de pecado], el Hijo de la perdición, el que se opone y rebela contra todo lo que que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de
sentarse él mismo en el templo de Dios exhibiéndose él mismo como Dios.
¿No os acordáis que ya os dije esto cuando estuve entre vosotros?
Vosotros sabéis qué es lo que ahora lo retiene [
to katejon], para que se manifieste en su momento oportuno.
Porque el misterio de iniquidad [misterion tes anomias =
misterio de alegalidad o transgresión] ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora lo retiene [el katejon], entonces se manifestará el Impío [el ánomos = el sin ley, el transgresor], a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida epifaneía tes parusias].
La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos,
y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado.
Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira, para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y
prefirieron la iniquidad [la anomía].
(2 Tes 2, 1-12)

San Pablo nos explica aquí de parte de Dios que antes de la Parusía, la segunda venida en gloria de Jesús, el Verbo hecho carne, han de sobrevenir estos dos fenómenos: la apostasía generalizada y la plena manifestación del Anticristo, la generalización del hombre sin ley, del hombre tes anomías, alegal, transgresor, el colectivo de casi toda la población mundial, viviendo y obrando según e colectivo, como si Dios no existiera; el colectivo humano mundial, excepto un pequeño resto, oponiéndose a Dios y rebelándose contra todo lo que lleva el nombre de Dios o recibe culto, contra todo lo que sea un ser superior a él, como dice Juan Leal, por lo que se muestra él mismo, el colectivo humano mundial, excepto un pequeño resto, como el ser supremo. Es lo que el apóstol san Juan llama el Anticristo:

Queridos, no os fieis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo.
Podréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios;
y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; ese es del Anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo.
(1 Jn 4,1-3)

Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora.
¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.
Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre.
(1 Jn 2,18;22-23).

Muchos seductores han salido al mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Ese es el Seductor y el Anticristo.
(2 Jn 7)

San Pablo también considera en 2 Tes 2,1-12 que, en su época, ya está presente el Anticristo; y hace la advertencia de que el Anticristo no se manifiesta aún plenamente, porque hay algo que lo estorba (to katejon) y que el Anticristo no se manifestará plenamente hasta que desaparezca o sea quitado el que estorba (ho katejon) su plena manifestación.

Por consiguiente el Anticristo es persona moral, como dice Juan Leal:

"De aquí se concluye justamente que el impío en quien piensa Pablo es una persona moral, pues sólo una persona moral puede coexistir ahora y seguir existiendo hasta no sabemos cuándo, indefinidamente, hasta que llegue su hora, para nosotros desconocida".
(Juan Leal, S.I.: Comentario de la Segunda Carta de san Pablo a los Tesalonicenses, en La Sagrada Escritura, texto y comentario por profesores de la Compañía de Jesús, Nuevo Testamento II, BAC, 1962, pág. 943).

También recoge Juan Leal la referencia de que el templo en el que se sentará el Hombre Impio, el colectivo humano mundial, excepto un pequeño resto, cuando se exhiba como si él fuera el ser supremo lo refiere

"el Crisóstomo al templo moral de la Iglesia" (ib., pág. 941).

Esto lo recoge Juan Leal Leal después de explicar que este colectivo humano mundial, excepto un pequeño resto, se rebela

"contra todo lo que suponga un ser superior a sí propio. Esta idea es la que expresa la segunda parte [del versículo 2 Ts 2,4]: llegando a sentarse... No hay más Dios que el propio impío, ni más objeto de culto y veneración. La soberbia humana de todos los tiempos culmina en estos irrealismos locos". (íb.).

El Hombre Impio, el colectivo humano mundial, excepto un pequeño resto, se exhibe como si él fuera el ser supremo puesto que "se opone y rebela contra todo lo que que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto".

Sobre el carácter de colectivo o persona moral y no de personaje singular que tiene "el Hombre Impío, el Impío" (ib., pág. 949), señala Juan Leal:

"La forma personal que Pablo le da, puede ser simplemente vestido literario propio de las formas enfáticas del género apocalíptico y escatológico. El Impío de San Pablo parece claro que se debe identificar con el anticristo de San Juan, que no es nunca una persona concreta, sino un género y una clase de personas, personificación de todos los enemigos de Cristo".

Sobre la destrucción del Impío aclara Juan Leal que no lleva consigo la muerte de los miembros del colectivo anticristiano:

"No se trata de la destrucción de la persona, sino de la obra... En la destrucción del Impío está la destrucción de la obra de Satanás y de todas las fuerzas humanas que él mueve para daño de los que no aman la verdad (v. 12)".

Puesto que "Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva" (Ez 18,23).

Hay algo que lo detiene (to katejon) impidiendo que el Impío, el Anticristo, se generalice, porque hay alguien (el katejon) que está impidiendo que el Anticristo englobe a casi toda la población mundial e impere como colectivo humano mundial, excepto un pequeño resto.

El katejon es, según los Santos Padres, el Imperio romano, en cuanto que es símbolo del principio de autoridad, y el emperador, no simplemente en cuanto a ostentar el título, sino en cuanto a ejercer la autoridad que impide que se imponga generalizada y masivamente el misterio de iniquidad o transgresión, vivir y obrar según uno mismo, como si Dios no existiera. En la propia Biblia aparecen emperadores del Antiguo Testamento como Nabucodonosor y Ciro como instrumentos de los designios de Dios como si fueran, por decirlo así, prekatejones, como prefiguraciones o tipos que son los personajes y figuras del Antiguo Testamento de los del Nuevo. Nerón en su primera época era el katejon del momento en que san Pablo envía la II a los Tesalonicenses

El katejon también es persona moral, porque al representar y ejercer la autoridad detiene en todas las épocas la implantación generalizada del misterio de iniquidad, vivir y obrar según uno mismo, como si Dios no existiera, y la generalización o globalización masiva del Anticristo. Hasta que sea quitado el katejon. El doble katejon, porque hay dos espadas.

La manifestación del Anticristo es la generalización y masificación del misterio de iniquidad o transgresión, vivir y obrar según uno mismo, según el hombre, varón o mujer, como si Dios no existiera, que se producirá cuando sea quitado el katejon que obstaculiza dicha generalización, hasta englobar el Anticristo a casi toda la población mundial, excepto un pequeño resto que no se rendirá a la apostasía, y hasta constituirse así el Anticristo como el colectivo humano mundial transgresor, autoproclamado como ser supremo, al basarse en vivir y obrar según el hombre colectivo transgresor, como si Dios no existiera, e imponerlo totalitariamente a sus miembros, varones y mujeres, quedando cada uno de ellos totalmente ninguneado y más sometido que nunca, lógicamente. Es el inmanente "Dios" colectivo de Spinoza. El Leviatán de Hobbes. El Pueblo Soberano de Rousseau, también spinoziano.

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..El Anticristo, persona moral, y la anomía o transgresión ... .

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No hay unanimidad en los Santos Padres y mucho menos entre los teólogos sobre si el Anticristo será un personaje singular o o se trata de una persona moral.

Bover dice que el anticristo será una persona, no una colectividad o tendencia personificada, pero añade que la persona del anticristo concentrará en sí y representará una tendencia y una colectividad

"Será el anticristo según el común sentir de los Santos Padres y teólogos, una persona, no una colectividad o tendencia personificada; aunque claro está que la persona del anticristo concentrará en sí y representará una tendencia y una colectividad".
(Nota "aclaratoria" en 2 Tes 2,3. Versión de la Sgrada Biblia de Bover-Cantera, edición separata del Nuevo Testamento, BAC, Madrid, 1948, pág. 453).

En la nota aclaratoria de Ap 17,11, (ib., pág. 584) dice Bover que, además de una persona, la bestia que es el anticristo, "es también una colectividad o sucesión de personajes históricos... Es también la tendencia anticristiana, que se encarnará en esos personajes, y cada uno de esos individuos en quienes se manifestará esa tendencia". Y hace referencia a 2 Tes 2,3. Pero lo que se le escapa a Bover es la generalización y masificación de esa tendencia anticristiana de vivir y obrar como si Dios no existiera, que se producirá cuando sea quitado el katejon, hasta englobar el anticristo a casi toda la población mundial, excepto un pequeño resto y constituirse el anticristo como el colectivo humano mundial transgresor, autoproclamado como ser supremo, al basarse en vivir y obrar como si Dios no existiera e imponerlo totalitariamente a sus miembros, quedando cada individuo totalmente ninguneado y más sometido que nunca.

En realidad no hay unanimidad en los Santos Padres y teólogos sobre si la palabra Anticristo se refiere o denomina a un personaje singular. Rodríguez Molero, cita entre los Santos Padres que no participan de esta "hipótesis", dice, a los de la escuela de Alejandría, San Clemente de Alejandría, Orígenes; y a san Gregorio de Nyssa, después de afirmar que la interpretación personal es la tradición "casi" universal de los Padres de la Iglesia primitiva:

Que el anticristo es un personaje individual... "es la hipótesis más antigua, que tiene en su haber muchos argumentos de peso..., la tradición casi universal de la Iglesia primitiva: Justino, Ireneo, Tertuliano, Lactancio, Cirilo de Jerusalén, San Agustín, San Jerónimo, Teodoreto. Todos hablan del "hombre de pecado", del "hijo de la perdición" en sentido personal. La escuela de Alejandría es la que no mantiene la interpretación en sentido personal. Así Clemente de Alejandría y Orígenes, para quienes el anticristo es la falsa doctrina; el templo de Dios en el que aquel se asienta es la palabra escrita. Lo mismo Gregorio de Nyssa".
(Francisco Rodríguez Molero, S.J.: Comentario de la Primera Epístola de San Juan, en La Sagrada Escritura, texto y comentario por profesores de la Compañía de Jesús, Nuevo Testamento III, BAC, 1962, pp. 425-426).

También hay otra diferencia. Y es que casi todos los que dicen que el anticristo será un personaje individual hablan en futuro, y omiten los anticristos de todas las otras épocas, desde la época apostólica, contra lo que dice la Sagrada Escritura. Mientras que los que dicen que se trata de una persona moral, incluyen a los anticristos de todas las épocas desde la época apostólica; y precisamente se basan en lo que dice Dios en la Escritura por medio de los apóstoles san Juan Evangelista y san Pablo.

Después Rodríguez Molero expone algunos argumentos en que se basa la otra hipótesis, la interpretación del anticristo como un "personaje colectivo", dice.

"El término anticristo es una personificación de las fuerzas enemigas de Cristo de todos los tiempos..., constituyen este anticristo colectivo. En su favor militan los argumentos siguientes:
a) La interpretación colectiva que se ha dado a los textos del Ap y de 2 Tes 2, por el obstáculo permanente que oponen a las manifestaciones diabólicas del anticristo la verdad y la santidad del Evangelio, induce a entender en sentido colectivo también el anticristo de Juan.
b) El mismo texto joaneo da pie para esta interpretación. En efecto, dice que el anticristo viene,
erchetai, en presente; pero ya han surgido muchos anticristos. Luego hay que entenderlo en sentido colectivo. Ese anticristo colectivo está ya llegando, está ya obrando por medio de esos individuos, que se llaman también «anticristos».
c) la sucesión de las dos afirmaciones: «el anticristo viene; pero ahora han surgido muchos anticristos», exige considerar la segunda como una realización concreta de la primera. Tanto más cuanto que el artículo delante del «anticristo» hay que tacharlo, según los mejores manuscritos, con lo que el paralelismo y equivalencia entre «anticristos» en general, el anunciado por la predicación tradicional, y los anticristos concretos que han aparecido ahora, es manifiesto.
d) La identidficación formal entre uno y otros se verifica en 2 Jn 7: «muchos seductores han salido al mundo, que no confiesan que Jesús ha venido en carne. Ese es el seductor y anticristo».
e) La misma estructura paralela de la frase aboga por una interpretación colectiva. Al presente
erchetai, que tiene cierto sentido de futuro, se opone el perfecto gegonasin, y al sigular «anticristo», el plural «anticristos», fuertemente acentuado por su posición detrás. Luego la segunda parte es una declaración de la primera".
(ib.).

Y la conclusión de Rodríguez Molero es que lo que expresa mejor lo que quiso decir en esta epístola I Jn su autor, que es el apóstol san Juan Evangelista, inspirado por el Espíritu Santo, incluye la idea de que el anticristo es "un personaje colectivo":

"En resumen, este sentido colectivo del anticristo cuadra mejor con el pensamiento general de I Jn".
(ib.).

Rodríguez Molero dice después:

"El querer limitarse al presente y borrar la idea del futuro de este pasaje y de toda la escatología joánica fracasa ante el concepto fuertemente fijado de «última hora», que por su conexión con I Jn 2,28 sólo puede significar el tiempo anterior a la parusía".
(ib., págs. 426-427).

Lo que significa que con la palabra Anticristo, san Juan Evangelista se refiere a una persona moral, un "personaje colectivo", como dice Rodríguez Molero, porque hay anticristos contemporáneos de san Juan evangelista y los seguirá habiendo hasta culminar en el Anticristo que precederá a la Parusía del Señor y que englobará a casi toda la población mundial con la excepción del pequeño resto que no caerá en la apostasía.

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Benedicto XVI testimonia en 2020 el avance del poder del Anticristo
«La verdadera amenaza para la Iglesia reside en la dictadura mundial de ideologías aparentemente humanistas, cuya negación implica ser excluido del consenso social básico. Hace cien años, cualquiera habría considerado absurdo hablar de matrimonio homosexual. Hoy queda socialmente excomulgado quien se oponga a ello. Lo mismo vale para el aborto y para la fabricación de personas en el laboratorio. La sociedad moderna está formulando un credo anticristiano y castigará con la exclusión social a quien se resista a él. Es totalmente natural el temor a este poder espiritual del Anticristo, y se hace necesario realmente el auxilio de la oración de todo un episcopado y de toda la Iglesia mundial para resistirlo».
[Benedicto XVI en la entrevista final del libro de Peter Seewald: «Benedickt XVI. Ein Leben», «Benedicto XVI. Una Vida». Editorial Droemer-Knaur. 4.05.2020

En este texto se presenta al Anticristo como persona moral, porque es "la sociedad moderna" la que está formulando el credo anticristiano. Aquel legendario personaje de satánica grandeza queda en su sitio que es la leyenda y la literatura.

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Benedicto XV diagnosticó ya en 2011:
«Está en marcha un cambio cultural, alimentado también por la globalización, por movimientos de pensamiento y por el relativismo imperante, un cambio que lleva a una mentalidad y a un estilo de vida que prescinden del Mensaje evangélico, como si Dios no existiese».
(Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2011).

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Hay "una separación creciente entre la fe y la vida"
Benedicto XVI con los obispos norteamericanos el 16 de abril de 2008

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Y hablando de avance, el cardenal Pell dice el 27.04.2021:

«Está bastante claro que el cristianismo liberal, ya sea el catolicismo liberal o el protestantismo, va a pasar al agnosticismo en una generación más o menos. ... Si asumes la política del mundo y te limitas a seguirla para que esté de acuerdo contigo, entonces ya no le importarás a nadie».

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La ley natural explicada por Benedicto XVI

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El vigente Catecismo de la Iglesia Católica de 1992 presenta al Anticristo como el colectivo humano, integrado o compuesto por los hombres, varones y mujeres que participan de un seudomesianismo en que ese hombre colectivo suplanta a Dios y a su Mesías venido en carne.

«Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el "Misterio de iniquidad" bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudomesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Te 2, 4-12; 1Te 5, 2-3; 2 Jn 7; 1 Jn 2, 18-22)». (CIC 675).

Hay muchos anticristos. El anticristo es un colectivo. El de los que no aceptan a un Dios salvador por encima del hombre, ni aceptan las normas morales insertas por Dios en la naturaleza humana, y menos la enseñanza de esas normas por la autoridad divina de la Iglesia. Y tratan de imponer esa anomía, esa alegalidad o transgresión. Ya está operando desde la época de los apóstoles san Juan Evangelista y san Pablo:

«Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora. Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros. En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Santo y todos vosotros lo sabéis. Os he escrito, no porque desconozcáis la verdad, sino porque la conocéis y porque ninguna mentira viene de la verdad. ¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre».
(I Jn 2,18-23)

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En el discurso escatológico de Nuestro Señor, el evangelio de san Mateo trae esta referencia de Jesús, el Verbo hecho carne, sobre la iniquidad:

«Entonces os entregarán a la tortura y os matarán, y seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre.
Muchos se escandalizarán entonces y se traicionarán y odiarán mutuamente.
Surgirán muchos falsos profetas, que engañarán a muchos.
Y al crecer cada vez más
la iniquidad (ten anomian), la caridad de la mayoría se enfriará.
Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.
Surgirán falsos cristos y falsos profetas, que harán grandes señales y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos».
»¡Mirad que os lo he predicho!»
(Mt 24,9-13;24-25).

Aclara y concreta, san Juan Apóstol de parte de Dios que la iniquidad se opone a la caridad y la destruye, porque, como él formula, "el pecado es la anomía", por eso se enfriará la caridad, lógicamente:

"Todo el que comete pecado (ten hamartían) comete también la iniquidad (ten anomían), pues el pecado es la iniquidad (he hamartía estin he anomía)".
(1Jn 3,4).

La iniquidad, la anomía, la transgresión, el vivir y obrar sin cumplir la ley de Dios natural y revelada, vivir y obrar según uno mismo, como si Dios no existiera, es, en efecto, como aclara y concreta, san Juan Apóstol de parte de Dios lo que se opone a la caridad, porque "el pecado es la anomía", por eso se enfriará la caridad al aumentar progresivamente la iniquidad:

En esto sabemos que le conocemos: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: «Yo le conozco» y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él.
(1 Jn 2,3-4).

Quien dice que permanece en Él, debe vivir como vivió Él... Pero vosotros, tenéis unción (crisma) procedente del Santo y sabéis todo... En cuanto a vosotros, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre, y esta es la promesa que él mismo os hizo: la vida eterna.... Y en cuanto a vosotros, la unción que de Él habéis recibido permanece en vosotros y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas - y es verdadera y no mentirosa -según os enseñó, permaneced en Él. Y ahora, hijos míos, permaneced en Él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de Él en su Venida.
(1 Jn 2,6;20;24-25;27-28).

La unción es la presencia y la acción del Espíritu Santo en el alma, como explica Rodríguez Molero.
(Francisco Rodríguez Molero, S.J.: Comentario de la Primera Epístola de San Juan, en La Sagrada Escritura, texto y comentario por profesores de la Compañía de Jesús, Nuevo Testamento III, BAC, 1962, pp. 408-409; 417-418).

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En lo referente a la apostasía, añade san Pablo de parte de Dios, completando lo ya transmitido:

"El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe entregándose a espíritus engañadores y a doctrinas diabólicas" (1 Tim 4,1).

Las doctrinas diabólicas consisten en vivir y obrar según uno mismo y no según la voluntad de Dios como explica san Agustín (La Ciudad de Dios, XIV). Es el non serviam.

Vivir y obrar según uno mismo, como si Dios no existiera, es el pecado, porque el pecado es la anomía, la iniquidad, como se tradujo al latín, Hoy iniquitas se traduce del latín a las lenguas modernas, entre ellas al castellano, como iniquidad. El diccionario de la RAE dice que iniquidad significa maldad, injusticia.

Anomía significa alegalidad o transgresión.

Y esto es lo que enseña el apóstol san Juan:

"Todo el que comete pecado (ten hamartían) comete también la iniquidad (ten anomían), pues el pecado es la iniquidad (he hamartía estin he anomía)".
(1Jn 3,4).

Y es vivir en la mentira

En esto sabemos que le conocemos: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: «Yo le conozco» y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él.
(1Jn 2,3-4).

Toda iniquidad (adikía) es pecado (hamartía).
(1Jn 5,17).

El Anticristo en el Apocalipsis

La bestia del mar; y a su servicio el pseudoprofeta, la bestia de la tierra

1 Y vi = surgir del mar una Bestia = que tenía diez cuernos y siete cabezas, y en sus cuernos diez diademas, y en sus cabezas títulos blasfemos.
2 La Bestia que vi = se parecía a un leopardo, = con las patas como de oso, = y las fauces como fauces = de león =: y el Dragón le dio su poder y su trono y gran poderío.
3 Una de sus cabezas parecía herida de muerte, pero su llaga mortal se le curó; entonces la tierra entera siguió maravillada a la Bestia.

4 Y se postraron ante el Dragón, porque había dado el poderío a la Bestia , y se postraron ante la Bestia diciendo: «¿Quién como la Bestia? ¿Y quién puede luchar contra ella?»
5 Le fue dada = una boca que profería grandezas = y blasfemias, y se le dio poder de actuar durante 42 meses;
6 y ella abrió su boca para blasfemar contra Dios: para blasfemar de su nombre y de su morada y de los que moran en el cielo.
7 Se le concedió = hacer la guerra a los santos y vencerlos; se le concedió poderío = sobre toda raza, pueblo, lengua y nación.
8 Y la adorarán todos los habitantes de la tierra cuyo nombre no está inscrito, desde la creación del mundo, en el libro de la vida del Cordero degollado.
9 El que tenga oídos, oiga.
10 = «El que a la cárcel, a la cárcel ha de ir; el que ha de morir a espada, a espada ha de morir». = Aquí se requiere la paciencia y la fe de los santos.
11 Vi luego otra Bestia que surgía de la tierra y tenía dos cuernos como de cordero, pero hablaba como una serpiente.
12 Ejerce todo el poder de la primera Bestia en servicio de ésta, haciendo que la tierra y sus habitantes adoren a la primera Bestia, cuya herida mortal había sido curada.

13 Realiza grandes señales, hasta hacer bajar ante la gente fuego del cielo a la tierra;
14 y seduce a los habitantes de la tierra con las señales que le ha sido concedido obrar al servicio de la Bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que hagan una imagen en honor de la Bestia que, teniendo la herida de la espada, revivió.
15 Se le concedió infundir el aliento a la imagen de la Bestia, de suerte que pudiera incluso hablar la imagen de la Bestia y hacer que fueran exterminados = cuantos no adoraran la imagen de la Bestia. =

16 Y hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente,
17 y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia o con la cifra de su nombre.
18 ¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666.
(Ap 13,1-18)

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Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora.
Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros.
(1 Jn 2, 18-19)

I Juan 4
1 Queridos, no os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo.
2 Podréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios;
3 y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; ese es el del
Anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo.

Muchos seductores han salido al mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Ese es el Seductor y el Anticristo.
(2 Jn 7)

«Mirad que no os engañe nadie.
Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: "Yo soy el Cristo", y engañarán a muchos.
(Mt 24,4-5)

Surgirán muchos falsos profetas, que engañarán a muchos.
Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará.
(Mt 24,11-12)

«Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el que lea, que entienda)...
(Mt 24,15)

«Surgirán falsos cristos y falsos profetas, que harán grandes señales y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos».
»¡Mirad que os lo he predicho!»
(Mt 24,24-25)

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Hay que vivir y obrar según Dios, según la voluntad de Dios; pero desde el pecado original, como explica santo Tomás, nuestra razón no está sujeta a Dios y nuestra voluntad es insumisa respecto Él; y nuestras potencias superiores, a su vez, tienen insumisas a las inferiores, porque el pecado original ha dejado heridas o enfermedades en nuestra naturaleza, aunque no la ha corrompido totalmente, y sigue tendiendo a la verdad y al bien, aunque más débilmente por estas heridas; y en estas insumisiones y heridas radica nuestra interna anomía personal y consiguientemente social, nuestra actual tendencia a vivir y obrar según uno mismo, y no según Dios, a vivir y obrar como si Dios no existiera.

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Que hay que vivir y obrar según Dios, según la voluntad de Dios, no sólo lo enseña Él mismo por medio de san Pablo (Gal 5,16-25; 6,7-8; 8,5-14. I Cor 3,3), según explica san Agustín (Civ. Dei, XIV, cap. 3 y 4), sino que lo enseña en el Evangelio con insistencia el propio Jesús, el Verbo hecho carne:

Véanse los textos que establecen que hay que vivir y obrar según Dios, según la voluntad de Dios, no según uno mismo, como si Dios no existiera

Pero los hombres, varones y mujeres, tenemos el enorme problema consistente, como explica santo Tomás, en las múltiples dificultades, insalvables sin la gracia, que el pecado original nos ha dejado frente a nuestra indispensable precisión de que vivamos según Dios; porque desde el pecado original, nuestra razón no está sujeta a Dios y nuestra voluntad es insumisa respecto Él; y nuestras potencias superiores, a su vez, tienen insumisas a las inferiores; puesto que el pecado original, aunque no ha dejado corrompida nuestra naturaleza, que sigue tendiendo a la verdad y al bien, ha dejado en ella estas heridas o enfermedades: ignorancia, malicia, debilidad y concupiscencia desordenada. La herida de la ignorancia consiste en la disminución de la ordenación de la razón a la verdad y lleva consigo el embotamiento de la razón especialmente respecto a lo que se debe practicar. La herida de la malicia afecta a la voluntad y consiste en la disminución de la atracción por el bien y en el aumento de la atracción por obrar mal; aunque nuestra voluntad sigue tendiendo al bien, pero más débilmente. La herida de la debilidad para luchar por conseguir los bienes arduos o dificultosos, es por haber quedado el apetito irascible insumiso a la voluntad. Y la herida de la concupiscencia desordenada consiste en la apetencia de bienes deleitosos no sujeta a la razón e insumisa a la voluntad; y es por haber quedado el apetito concupiscible insumiso a la voluntad y no regido por la razón. (Leer más).

Esta insumisión interna en nuestra naturaleza enferma, aunque no muerta, que desde el pecado original tenemos los hombres, varones y mujeres, la han notado los paganos y no sólo los cristianos. No sólo lo puso por escrito san Pablo, sino también Ovidio:

«Vídeo meliora proboque, deteriora sequor». «Veo lo mejor y lo apruebo, pero sigo lo peor».

San Pablo nos alerta de parte de Dios sobre esto:

"Realmente, mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco.
...no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero".
(Rom 7,15;19).

Nuestra voluntad, incluso después del pecado original, está inclinada al bien, a vivir y obrar como Dios quiere, como en principio es adecuado a la naturaleza racional que Él nos ha dado, pero nuestras apetencias desordenadas (enfermas) nos llevan a no vivir, ni obrar así.

Como explica san Agustín (Ciudad de Dios, libro XIV), en la terminología de san Pablo vivir y obrar según la carne significa vivir y obrar según uno mismo y no según Dios, y esto lleva a aborrecer a Dios:

"Las tendencias de la carne llevan al odio a Dios: no se someten a la ley de Dios, ni siquiera pueden; así, los que están en la carne, no pueden agradar a Dios.
Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros".
(Rom 8,7-9).

Es decir, que ni siquiera podemos con nuestras fuerzas someter nuestras apetencias a la ley de Dios, a la voluntad de Dios. Podemos someterlas por la eficacia intrínseca de la gracia: las gracias actuales que recibimos y la permanencia en nuestra alma de la gracia increada, el Espíritu Santo. Y así podemos vivir y obrar según el espíritu, lo que significa, en la terminología de san Pablo, vivir y obrar según la voluntad de Dios.

Vivir según uno mismo es vivir como si Dios no existiera. Eso es lo que quiere Satanás que hagamos. Por consiguiente, vivir según uno mismo, vivir como si Dios no existiera, es estar sometidos al imperio de Satanás, que maneja nuestras tendencias desordenadas, nuestras heridas, debilidades y enfermedades. Intentar compatibilizar vivir según Dios y vivir según uno mismo es autoengañarse y darle entrada a Satanás para que domine e impere. No es ya vivir según Dios.

Jesús, el Verbo hecho carne, nos exhorta a convertirnos, porque viene el Reino de Dios. Convertirmos es orientarnos a Dios en vez de a nosotros mismos. Darle nuestro corazón a Jesús para que reine en él totalmente y no tengamos más voluntad que hacer lo que Dios quiere. Suplicándole a Jesús que nos libere, nos sane y reine en nosotros del todo, es decir, que nos dé su Corazón, su amor, que es misericordia divina infinita, que incluye concedernos su pleno reinado liberador en nosotros, es decir, concedernos que vivamos y obremos completamente según Dios, lo cual es nuestro bien supremo, máximo y total.

Como Jesús, el Verbo hecho carne, nos exhorta a convertirnos y recibir el reino de Dios, es que nos da la gracia para que lo consigamos, puesto que Él sabe perfectamente que con nuestras fuerzas no podemos. No murió para nada, ni por nada,

El culto al Sagrado Corazón de Jesús, lleva a lo más importante, a su reinado universal, personal y social, al reino de Dios en cada uno y en la sociedad entera, por su amor misericordioso.

Jesús, el Verbo hecho carne, no quiere sólo el culto a su Corazón, sino ante todo quiere darnos su amor y que lo recibamos amándole, quiere darnos el reino de Dios, darnos el reinado liberador de su Sagrado Corazón en cada uno y en toda la sociedad humana, porque ese es nuestro bien: que vivamos según la voluntad de Dios.

Obras son amores y no buenas razones. Y amor, con amor se paga. En este caso, la voz del pueblo coincide con la palabra de Dios.

Tarancón también tiene un libro sobre el Sagrado Corazón. Pero no basta con el culto o la invocación, sino que se requiere recibir con amor su amor; y consecuentemente el reinado del Corazón divino de Jesús en cada uno; y consiguientemente en todas las naciones.

La devoción al Sagrado Corazón es para vivir la caridad divina:

El beato papa Pío IX proclamó que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús la quiso Nuestro Señor para encender la caridad en todos y para que así caminemos según su Corazón como Dios quiere:

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús es para encender la caridad en todos y que, inflamados de amor, caminemos según su Corazón agradándole a Dios
Así lo enseñó en 1864 el beato Pío IX, Papa, en el Breve de beatificación de Margarita María Alacoque y en la encíclica Quanta Cura que venía con el Syllabus

El propio Jesús, el Verbo hecho carne, le reiteró también a sor María del Divino Corazón que el verdadero núcleo de esta devoción es la unión personal con Él:

"Una vez, hablando de este mismo asunto de las comuniones, dijo que su deseo había sido establecer el culto de su Divino Corazón, y que ahora que este culto exterior estaba introducido por sus apariciones a la bienaventurada Margarita María y extendido por todas partes, Él quería también que el culto interno se estableciese más y más; es decir, que las almas se habituasen a unirse cada vez más con Él interiormente y a ofrecerle sus corazones como morada".
(Soeur Marie du Divin Coeur, Luis Chasle, cap. VIII, pg. 240, ed. 1925, París).

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La devoción al Sagrado Corazón y su crisis

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.La Parusía de Jesús, el Verbo hecho carne, Su segunda venida gloriosa,
con la que haciéndose ver en su esplendor como cuerpo glorioso, no visible más que cuando Él quiere,
al evidenciar Su existencia, destruirá el poder anticristiano, que impone, cada vez más, vivir como si Dios no existiera:
.

Rm 16,25; 1 Co 1,7; 15,23;

Su Manifestación 1 Tm 6,14; Lc 17,30; Rm 2,5; 8,19; 2 TS 1,7; Hb 9,28; 1P 1,5, 7, 13, 4,13: Ap 1,1; 2 Ts 2,3-8

Biblia de Jerusalén, pg. 1633, nota 1,8 etc.

Con la caída de Trump, confirmada el 7.01.2021, el último katejon fue eliminado y su sucesor en USA ya no es obstáculo para la política anticristiana, sino colaboracionista.

Quedan katejoncillos y katejones intermitentes o a ratos, a tiempo parcial o discontinuos y katejones sectoriales

El doble exkatejon en vano lleva espada

Las dos espadas

S Agustínm, Civ Dei, XIV

Dos amores

Dos ciudades

Vivir y obrar según "uno mismo", o más bien como si Dios no existiera, porque es cada vez más ineludiblemente obligatorio [que cada uno viva y obre como quiera y si no quiere, se le obliga... a vivir como si Dios no existiera]

Las estructuras de pecado

El control social

La plena implantación en las almas y en las naciones del reinado de Jesús, el Verbo hecho carne

La segunda venida de Jesucristo tendrá como consecuencia, entre otras, el triunfo de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Y no al revés. No es a consecuencia de un triunfo debido a un proceso de crecimiento de la Iglesia como se producirá la consumación en la tierra del Reinado Social de Jesucristo por su misericordia y la consiguiente época profetizada de paz y prosperidad en la Iglesia (CIC 677, 673, 672, 675, 674). Este Reinado ha de venir ciertamente. Y será consecuencia de la segunda venida de Jesucristo, que producirá con su manifestación gloriosa el hundimiento del régimen anticristiano; y de la extraordinaria efusión de gracia que se iniciará con la Parusía

El reinado de Cristo Rey en cada alma, la dimensión personal del reinado del Sagrado Corazón, que es la primordial por cierto, se produce ya plenamente como consecuencia de la devoción al Sagrado Corazón, por la acción del Espíritu Santo. Y ésta sí que llega a su plenitud en las almas a las que Jesús se la concede ya en esta época anterior a su segunda venida.

Recibir el reinado pleno de Jesús en el alma es corresponderle con amor al amor ardiente con el que nos quiere conceder su reinado, acatando su voluntad y cumpliendo sus mandamientos, (Jn 14,15; Jn 15,10; I Jn 5,3), pero no aceptarle como rey en el alma es hacer lo que hizo con Él la soldadesca romana, después de azotarle, al coronarle de espinas, proclamarle rey como una burla, torturándole:

Los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte. Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»; y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza. Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle.
(Mt 27,27-31).

Recibir el reinado pleno de Jesús en la propia persona es efecto del amor que puede despertar en nosotros, por la acción del Espíritu Santo, verle en la cruz sufrir así para salvarnos. Y en ese sentido se cumple que Jesús reina desde la cruz, como decía Benedicto XVI, en la fiesta solemne de Cristo Rey de 2011:

"Jesús, desde el trono de la cruz, acoge a todos los hombres con misericordia infinita"

Y también en el sentido de que su reino lo implantará Él en la tierra, en su plenitud consumada, por amor a nosotros. Es la dimensión social del Reinado del Sagrado Corazón de Jesús, que, al igual que la dimensión personal, es consecuencia de los méritos infinitos que nos ganó Jesucristo con su pasión y su cruz, pagando nustro rescate con su sangre preciosa.

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Cuando se habla del culto al Sagrado Corazón de Jesús, está claro que se habla de la virtud de la religión. Y cuando se habla del Corazón de Jesús, se habla de la caridad que consiste en que´"Dios nos amó primero" (1Jn 4,19); y que le debemos corresponder con amor, con "el amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado" (Rom 5,5); para corresponderle con un amor verdadero, es decir amor con locura, como el que nos tiene Jesús. Pidiéndole, a todo riesgo, que Él reine en nuestro corazón, para que aceptemos, con todas las consecuencias, su reinado en nuestra alma como nuestra liberación. Pidiéndole el Espíritu Santo, como Él nos enseñó (Lc 11,13). Pidiéndole que amemos al prójimo como Él nos ha amado. Pidiéndole como enseña santa Teresa del Niño Jesús que nos produzca alegría recibir sufrimientos y contrariedades, porque así tenemos algo para ofrecerle, ya que Él sufrió tanto por nosotros. Y pidiendo, como Él nos enseñó, que venga a nosotros el reino de Dios y que se haga Su voluntad en la tierra como en el cielo (Mt 6,10), que reine plenamente en la tierra el Sagrado Corazón de Jesús, en todos los hombres, varones y mujeres, y en todas las naciones, por la misericordia divina. Pidiéndole ante todo, como retorno de amor a su amor, que, por la misericordia divina, reine Él en uno mismo, nos conceda el reino de Dios en nuestra alma, que tanto le costó conseguirnos.

Es indebido e imposible separar y menos contraponer el amor y la religión en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús:

Consagración y reparación, el doble elemento del culto al Corazón de Cristo conforme a la enseñanza del magisterio de la Iglesia, sintetizan amor y religión en unidad inseparable. La entrega al Amor es acatamiento a la soberanía de Dios; la reparación a la justicia es voluntad de «consolar» el Amor no correspondido.
El culto al Corazón de Cristo ante la problemática de hoy Francisco Canals Vidal (1922 † 2009) • Revista Cristiandad de Barcelona, núm. 467, enero de 1970

"La vida cristiana no se reduce a unos actos de piedad individuales y aislados, sino que ha de abarcar cada instante de nuestros días sobre la tierra. Jesucristo ha de estar presente en el cumplimiento fiel de los deberes de nuestra vida ordinaria, entretejida de detalles aparentemente pequeños y sin importancia, pero que adquieren relieve y grandeza sobrenatural cuando están realizados con amor a Dios. Los mártires alcanzaron la cima de su heroísmo en la batalla en la que dieron su vida por Jesucristo. El heroísmo al que Dios nos llama se esconde en las mil escaramuzas de nuestra vida de cada día".
(Cardenal Saraiva Martins, 28 de octubre de 2007, Homilía en la beatificación de 498 mártires de la persecución en la zona roja durante la guerra de España de 1936)

Hay que vivir y obrar según Dios, según la voluntad de Dios.

Dios, el que hace todo según Su voluntad

El cetro de su realeza, cetro de equidad (Hbr 1,8 = Sal 45 7-8)

«Sed perfectos como vuestro Padre del cielo es perfecto» (Mt 5,48)

Darle a Dios nuestro corazón. Pedirle que se lo podamos dar

Pedirle a Dios su reinado en nosotros, nuestro mayor bien. Nuestra conversión.

El Anticristo, persona moral, y la anomía

katejones

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Occidens contra la Cristiandad...

La civilización del amor es el reinado social en la tierra del Sagrado Corazón de Jesucristo, es la civilización cristiana, la ciudad católica
El primero que introdujo esta expresión "Civilización del amor" fue el papa san Pablo VI en 1970, el que la desarrolló fue el papa san Juan Pablo II

Jesucristo quiere a toda costa reinar en cada alma porque ese es nuestro bien

La época de paz y prosperidad está profetizada y vendrá con el establecimiento glorioso del Reino mesiánico. Así lo dice el Catecismo de la Iglesia Católica (1992):

"Cristo afirmó antes de su Ascensión que aún no era la hora del establecimiento glorioso del Reino mesiánico esperado por Israel (cf. Hch 1, 6-7) que, según los profetas (cf. Is 11, 1-9), debía traer a todos los hombres el orden definitivo de la justicia, del amor y de la paz" (CEC 672).

Pero antes de la época profetizada de paz y prosperidad en la Iglesia, coincidente con el Reinado Social de Jesucristo, lo que se producirá es una extrema persecución y apostasía que le ha de preceder, no el triunfo de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que se producirá después del advenimiento de Cristo en gloria.

«El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo, no está todavía acabado. Este Reino aún es objeto de los ataques de los poderes del mal (cf. 2 Te 2, 7)». (CEC 671 ).

«Desde la Ascensión, el advenimiento de Cristo en gloria es inminente (cf Ap 22, 20), aunque tal acontecimiento y la prueba final que le ha de preceder estén "retenidos" en las manos de Dios (cf. 2 Te 2,3-12)». (CEC 673).

«Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el "Misterio de iniquidad" bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudomesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Te 2, 4-12; 1Te 5, 2-3; 2 Jn 7; 1 Jn 2, 18-22)». (CIC 675).

Y el Reinado Social de Jesucristo no se producirá a consecuencia de un triunfo debido a un proceso de crecimiento de la Iglesia, que bastante tendrá con sobrevivir, en algún pequeño resto, a la apostasía y a la persecución final, según enseña la Iglesia en su Catecismo de 1992:

«La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección (cf. Ap 19, 1-9). El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13, 8) en forma de un proceso creciente» (CEC 677).

La segunda venida gloriosa de Jesucristo traerá consigo su reconocimiento como Mesías por Israel en el tiempo de la restauración universal:

«La Venida del Mesías glorioso, en un momento determinado de la historia se vincula al reconocimiento del Mesías por "todo Israel" (Rm 11,26; Mt 23,39) ... San Pedro dice a los judíos de Jerusalén después de Pentecostés: "Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, a quien debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de que Dios habló por boca de sus profetas" (Hch 3, 19-21)» (CEC 674).

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